SDE. Una purga moral desde el pueblo
La República Dominicana amanece hoy con un llamado que debió haberse hecho hace años. Esta vez, proviene del presidente del Partido Revolucionario Moderno (PRM), José Ignacio Paliza, quien exhorta a todos los miembros de su partido y de cualquier otra organización política que tengan vínculos con el narcotráfico o el lavado de activos, a renunciar a sus cargos y entregarse a la justicia para que esta determine su responsabilidad.
El llamado es correcto. Pero lo que no ha sido correcto y lo sabemos todos es que se haya abandonado la doctrina política en favor del dinero fácil. Que se haya permitido, con conocimiento o indiferencia, que candidatos con fortunas de procedencia dudosa o abiertamente ilícita compraran su entrada a las boletas electorales. Esa omisión, esa claudicación ética, es lo que hoy nos pasa factura.
Sin embargo, algo ha cambiado. Este llamado ha despertado una conciencia que ya venía gestándose en silencio, la auditoría visual del pueblo ha comenzado. La ciudadanía ha decidido hacer lo que los partidos no han querido hacer, una purga ética, una limpieza moral de quienes han secuestrado la representación popular a golpe de dinero.
El pueblo dominicano no es ingenuo. Sabe distinguir entre el liderazgo auténtico y el oportunismo disfrazado de campaña. Sabe que ya no basta con repetir consignas ni ondear banderas partidarias. Hoy, más que nunca, el pueblo está llamado a sobreponerse a los lineamientos tradicionales y ejercer su propio criterio al momento de elegir a quienes ocuparán cargos públicos.
Este proceso no será sencillo, pero es inevitable. Se avecina una recomposición moral, no necesariamente impulsada desde los partidos, sino desde la conciencia colectiva. Desde los barrios, las iglesias, las aulas, los mercados, los parques y las redes sociales. Desde la indignación que se transforma en acción.
Porque cuando los partidos no se limpian, el pueblo limpia.
Cuando la política se arrodilla ante el dinero, la dignidad se levanta.
Y cuando la justicia tarda, la mirada del pueblo se convierte en tribunal.
Hoy no es un día cualquiera. Es el inicio de algo más grande una ciudadanía que se asume como juez de su destino.
