febrero 26, 2025

REFLEXIONAR para definir líneas políticas y de acción adecuadas

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Manuel Salazar
Bertold Brecht dijo alguna vez que «el fascismo es la burguesía cuando está asustada; y la socialdemocracia es la misma burguesía cuando no está asustada».
Diría también: «Lo más parecido al fascismo es un pequeño burgués asustado». Asustado de la posibilidad de estallidos revolucionarios.

Es que el fascismo es una de las caras de la burguesía.

Ideas y prácticas fascistas crecen en varias regiones del planeta. Es un hecho verificable. En Estados Unidos de Norteamérica es cuestión a la orden del día, con Donald Trump y el coro de Elon Musk.

¿Qué pasa? ¿Por qué la burguesía saca en este momento la cara fascista?
En mi opinión están ocurriendo dos fenómenos de fondo:

I.- La caída de la tasa medía de ganancia a nivel global. Que es el indicador de la situación económica del capitalismo. No el PIB. Sino la tasa media de ganancia, según la economía política marxista.

Ver al respecto el tomo III de El Capital, en la parte que aborda la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

Esta tasa está en declive. Como tendencia general cae desde la mitad del siglo XX. Se recuperó con el modelo neoliberal de acumulación a partir de los años 1970 en adelante, con las privatizaciones de bienes y servicios públicos; la sobre explotación a las clases trabajadoras, la usura del capital financiero; el apoderamiento de grandes extensiones de recursos naturales de países impedidos de desarrollo; la apertura de mercados y al capital financiero, el lbrecomercio y otros.

Pero se mantuvo la tendencia decreciente. Con la COVID 19 cayó más y en la actualidad sigue cayendo.

Uno de los factores causantes en este momento, entre otros, es la competencia global entre las economías más desarrolladas, particularmente entre China y Estados Unidos.

Esta tendencia a la caída de la media de la ganancia del capital, es una preocupación central de la oligarquía de occidente. Porque el capital busca principalmente la rentabilidad.

Quiere decir entonces, que el modelo neoliberal, y su correspondiente globalidad, ya no son garantes de la acumulación que requiere el capital. Y es preciso superarlo. Esta es la cuestión principal.

II.-Pierde fuerza y espacio la hegemonía tradicional de occidente con Estados Unidos a la cabeza; ante el auge del hemisferio oriental y sus aliados. China es un contrapeso extraordinario al poder de los Estados Unidos y constituye un polo suficiente con posibilidades de alianzas estratégicas para proponerse un nuevo orden internacional, que ponga fin a la hegemonía del dólar y las instituciones que Estados Unidos impuso tras la Segunda Guerra Mundial.

El BRICS, contrapeso al dominio yanqui, se abre paso. Gana cada vez más importancia. El dólar baja en las reservas monetarias internacionales y como medio de pago en el intercambio comercial mundial. Por ejemplo.

Instituciones como la ONU, no resuelven ningún asunto internacional importante. Por ejemplo.

Estamos en un momento de la disputa global que puede ser graficado con el epígrafe que encabeza el ensayo Las Memorias de Adriano, de Margarita Yourcenar: «Eran los tiempos en que los dioses no estaban ya y Cristo no aparecía todavía».

Donald Trump no es un loco. Es la otra máscara y el peluquin del capitalismo, del imperialismo norteamericano… La máscara fascista.

Gana vigencia la política de los Frentes Populares con la que la III Internacional enfrentó el auge del fascismo en los años que antecedieron, los durante y posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

En esos frentes populares se inscribieron partidos y gobiernos burgueses, porque el blanco fundamental era el fascismo en su versión nazi.

La cuestión aquí y ahora, es que nuestra política además de ser antifascista es antiimperialista, y la alianza que exprese el Frente Popular debe tener marcas rojas que correspondan a esa cuestión. Además de combatir el fascismo debe hacerlo contra todo lo que asuma o de aliento al imperialismo norteamericano. Las líneas rojas que no deben ser pisadas han de ser muy claras.

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